Al acecho de formas que acomoden mi entendimiento.

martes, 23 de junio de 2009

Silencio Stampa

El silencio se potencia, pero sigue siendo silencio.
La angustia podrá encarnarse, pero siempre dolerá en el alma.
La pasión mientras tanto vive de lo que dejó la angustia, se macera
durante larguísimos instantes de silencio y se enciende con el amor
hasta crear su propia identidad.
Sólo el silencio transforma manteniéndose indemne. Siempre seguirá
siendo silencio, sin niveles ni matices.
El sonido lo intenta pero no llega a transformarse en su opuesto. Cede
terreno, pero lo único que logra es romperlo.
No es así el caso del frío que puede ser mayor o menor que el calor.
O la luz, que entabla una lucha de poder permanente contra la
oscuridad.
Pero el silencio no deja lugar a rivalidades: es y debe ser absoluto.
El silencio además de absoluto también es anárquico.
Nos resulta incómodo compartirlo.
Nos duele cuando nos obligan guardarlo.
Nos parece tan antinatural cuando niños, como ansiado en la adultez.
No suele aparecer cuando se lo pide y se hace presente cuando mas se
lo quiere evitar.
Dicen por ahí que el silencio no es propio de nuestro planeta: lo
trajeron unos invasores del espacio como obsequio a los primeros
constructores de pirámides para que atesoraran en su interior a esa
extraña no materia que reinaba en todo el universo, pero que no podía
atravesar nuestra atmósfera.
Claro que siglos mas tarde la imprudente acción de los saqueadores
de tumbas terminó por liberarlo.
Frases como: “ese silencio no era natural”, o “un silencio sepulcral”,
no hacen mas que confirmar la teoría.
Es así, ya es demasiado tarde, el silencio terminó por invadirnos: se
metió en la música, en los templos, en las películas de terror y hasta
en las voces de millones de personas que se hacen llamar mudas, pero
que yo prefiero creer que se trata de mensajeros universales a los que
todavía no supimos decodificar.
Enjoy the silence. ¿Por ahí andará el mensaje?

Cazadores furtivos