Al acecho de formas que acomoden mi entendimiento.

martes, 30 de junio de 2009

What´s your favorite color, baby?

En las escuelas de Buenos Aires los chicos deberían pintar los ríos de
color marrón.
¿Porqué someterlos a un esfuerzo cromático imaginativo tan grande?
Y entonces critican a los adolescentes que atropellan gente en los
videojuegos, mientras ellos vacían el cenicero por la ventanilla de sus
autos.
¿Vendrá de ahí nuestra creatividad? Tenemos tan explotada la
capacidad de adaptación frente a la irrealidad diaria, que nada puede
detenernos.
En el siglo XIX se abrió la puerta a los inmigrantes, pero nos pusimos
de espaldas al río que los traía. ¡Linda manera de recibir a la gente!
Y esos mismos inmigrantes, tiempo después, terminaron siendo
moldeados a imagen y semejanza de quienes los recibieron, y entonces
estuvieron dispuestos a acatar e impartir órdenes para que se
cubrieran arroyos, se ganara tierra al río o se construyera un
aeropuerto donde cualquier otro país hubiese proyectado su skyline.
Azul un ala del color del cielo. Azul un ala del color del mar.
Y volvemos a chocar con nuestro mar marrón del Partido de la Costa.
Pero eso es un detalle. El problema es que cantamos “azul un ala” y
pintamos la bandera de celeste.
No hagamos bandera, quizá estemos quemados. Yo ya lo estoy.
Mejor sigo con mi sauvignon blanc, que de blanc sólo tiene la
etiqueta.

Cazadores furtivos